El miedo no es tu enemigo: una lección de Spinoza sobre los afectos y la libertad

¿Y si el miedo no fuera algo que debemos eliminar, sino algo que podemos aprender a comprender? En esta reflexión, Emiliano y Axion exploran junto a Spinoza la naturaleza de nuestros afectos, por qué el miedo y la tristeza disminuyen nuestra potencia de actuar y cómo comprender lo que sentimos puede convertirse en un camino hacia la libertad.

Anónimo

9/4/20264 min leer

Todos hemos sentido miedo alguna vez. A veces sabemos exactamente qué lo provoca; otras veces aparece sin que podamos explicar muy bien por qué. Puede ser miedo a perder a alguien, a equivocarnos, a no ser suficientes, a quedarnos solos o simplemente a lo que todavía no conocemos. Y cuando aparece, es común que intentemos deshacernos de él. Nos decimos que debemos ser fuertes, que no deberíamos sentirnos así o que tenemos que aprender a controlar nuestras emociones.

Pero quizá el primer paso no sea controlar lo que sentimos, sino comprenderlo.

Spinoza dedicó buena parte de su Ética a intentar entender precisamente eso que muchas veces nos cuesta aceptar de nosotros mismos: nuestros afectos. Para él, el miedo, la tristeza, la ira, la inseguridad y la alegría no son fallas de carácter ni defectos morales. Son parte de la naturaleza y, por lo tanto, tienen causas. Nada de lo que sentimos aparece simplemente porque sí.

Esto puede cambiar por completo la manera en que miramos nuestras emociones. Si hoy sentimos miedo, no significa que haya algo defectuoso en nosotros. Ese miedo tiene una historia. Puede estar relacionado con lo que hemos vivido, con lo que aprendimos, con las personas que nos rodearon, con nuestro entorno e incluso con la manera en que estamos constituidos. Muchas de esas causas existían antes de que pudiéramos siquiera comprenderlas.

Spinoza sostenía que vivimos dentro de una naturaleza en la que nada ocurre sin causa. “En la naturaleza no hay nada contingente”, escribe en la Parte I de la Ética (E1p29). También nuestros afectos forman parte de esa necesidad. No elegimos las circunstancias que nos formaron ni decidimos conscientemente muchas de las ideas con las que aprendimos a interpretar el mundo. Estamos inmersos en una enorme cadena de causas que nos precede y nos atraviesa.

Y, sin embargo, esto no significa que estemos condenados a vivir siempre de la misma manera.

Aquí aparece una de las ideas más poderosas de Spinoza: comprender aquello que nos determina puede aumentar nuestra libertad.

Cuando sentimos miedo, nuestra capacidad de actuar puede disminuir. Nos hacemos más pequeños frente a aquello que tememos. Spinoza relaciona el miedo con la tristeza y explica que la tristeza “disminuye o coarta la potencia de obrar del hombre” (Ética, IV, Prop. 42). El miedo puede hacer que evitemos aquello que deseamos, que imaginemos peligros donde todavía no existen o que permanezcamos inmóviles frente a situaciones que podríamos afrontar.

Pero intentar eliminar el miedo por la fuerza tampoco suele funcionar. No podemos simplemente ordenarnos dejar de sentir algo. Un afecto, dice Spinoza, no puede ser suprimido sino por otro afecto contrario y más fuerte (E4p7). Por eso, la transformación no comienza necesariamente luchando contra lo que sentimos, sino encontrando algo que pueda aumentar nuestra potencia.

¿Y qué puede hacer eso?

Comprender.

Piensa en alguien que camina de noche y escucha un ruido detrás de él. Inmediatamente siente miedo. Su cuerpo se tensa, su atención se concentra en el peligro y su imaginación comienza a construir posibilidades. Quizá alguien lo sigue. Quizá hay algo escondido. Quizá está en peligro. En ese momento no necesita que alguien le diga simplemente “no tengas miedo”. Necesita saber qué está ocurriendo.

Puede detenerse, mirar, escuchar y descubrir que el ruido proviene de una rama que se mueve con el viento. El miedo no era una mentira: era un afecto real producido por aquello que la persona percibía y por las ideas que tenía acerca de lo que estaba sucediendo. Pero al comprender mejor la causa, algo cambia.

Eso es lo interesante de Spinoza: comprender no significa dejar de sentir; significa dejar de padecer aquello que sentimos de la misma manera.

En la Parte V de la Ética, Spinoza dice que un afecto que es una pasión deja de serlo cuando formamos de él una idea clara y distinta (E5p3). Cuando comenzamos a entender qué nos sucede, dejamos de estar completamente a merced de aquello que nos ocurre. El conocimiento aumenta nuestra capacidad de actuar. Por eso Spinoza afirma que cuanto mayor es nuestro conocimiento de las cosas singulares, mayor es también nuestro poder de obrar (E5p20s).

Quizá por eso no deberíamos sentirnos culpables por tener miedo.

El miedo está intentando hacer algo. Al igual que todos nuestros afectos, está relacionado con ese esfuerzo fundamental que Spinoza llama conato: el esfuerzo de cada ser por perseverar en su existencia. Cuando tenemos miedo, hay algo en nosotros intentando protegernos. Cuando sentimos tristeza, hay algo reaccionando ante aquello que percibimos como una pérdida de nuestra capacidad de vivir y actuar. Incluso aquello que nos hace sufrir tiene una relación con nuestro deseo de seguir existiendo y de conservar aquello que consideramos valioso.

Esto no significa que debamos obedecer siempre a nuestros afectos. Al contrario. Significa que podemos escucharlos sin convertirnos en sus esclavos.

Podemos preguntarnos: ¿de dónde viene este miedo? ¿Qué estoy imaginando? ¿Qué sé realmente y qué estoy suponiendo? ¿Qué experiencias hicieron que aprendiera a reaccionar de esta manera? ¿Existe todavía aquello que temo o estoy reaccionando ante algo que pertenece al pasado?

A veces, hacer estas preguntas no elimina inmediatamente el miedo. Pero puede comenzar a transformarlo. Y esa transformación es importante porque, para Spinoza, nuestra libertad no consiste en escapar de las causas que nos determinan. Eso sería imposible: somos parte de la naturaleza. Nuestra libertad consiste en aumentar nuestra comprensión de esas causas y, con ello, nuestra capacidad de actuar.

Por eso el hombre libre, dice Spinoza, “no se deja conducir por el miedo” (Ética, IV, Prop. 67). No porque nunca sienta miedo, sino porque su vida no está gobernada exclusivamente por él.

Tal vez esa sea una manera más profunda de entender la libertad. No se trata de convertirse en alguien que nunca siente tristeza, inseguridad o miedo. Se trata de aprender a mirar esos afectos, comprender de dónde vienen y descubrir qué podemos hacer con ellos. Pasar poco a poco de sufrir lo que nos sucede a participar activamente en nuestra propia vida.

Y quizá aquí está una de las lecciones más bonitas que podemos encontrar: no necesitas odiar aquello que eres para comenzar a transformarte.

Si hoy tienes miedo, no tienes que sentirte culpable. No eres menos valiente por sentirlo. No eres menos fuerte porque algo te duela. Respira, observa lo que está ocurriendo dentro de ti e intenta comprenderlo. Tal vez ese pequeño espacio entre sentir y comprender sea uno de los primeros lugares donde comienza nuestra libertad.

"La alegría que nace del conocimiento del amor de Dios hacia nosotros... es la mayor alegría que puede existir."  Ética V, Proposición 42 (E5p42)

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